Esta clásica historia sufí, muestra una pauta de conducta muy habitual en personas involucradas en el camino del conocimiento y que representa un obstáculo nada desdeñable : buscamos donde sin duda hay más luz, pero donde nada encontraremos porque nada se nos perdió allí.
La enseñanza es clara y precisa y se centra en la pérdida de contacto con la realidad.
Sabemos que la cotidianidad es dura, aburrida, y difícil, pero es justo en esa realidad cotidiana del día a día junto a las personas que nos rodean, donde se encuentra la llave – la clave - que nos permitirá entrar en nuestra casa, en nuestra intimidad, en definitiva, en nosotros mismos.
Hay otros lugares y personas más confortables, menos cotidianos y seguro que menos aburridos que pueden aportarnos muchas cosas y en donde es mucho más fácil buscar.
Lástima que ellos no tengan la llave.
Suele estar en el lugar más oscuro y a menudo sólo nosotros, en lo más profundo, sabemos dónde se encuentra.
El trabajo, la familia, la pareja, los amigos…lo de todos los días.
Todo aquello que representa el entorno donde habita lo menos brillante y atractivo.
Está más oscuro : pero ahí sí está la llave.
Desde esta reflexión respóndete tu mism@ las preguntas.