No nos hinchamos cuando nadamos en agua que es hipotónica respecto a nuestras células y fluidos corporales, en primer lugar, porque nuestra piel funciona como una eficiente barrera de protección, debido a la presencia de abundantes glándulas sebáceas que producen una grasa que además de lubricarla, actúa como repelente del agua que ayuda a evitar nuestras células entren en contacto directo con ese medio ambiente hipotónico (o hipertónico, en caso por ejemplo del agua del mar) y por equilibrio osmótico, se llenen de líquido hasta explotar o se deshidraten en caso contrario.
Sin embargo, un tiempo prolongado sometido a estas condiciones, puede debilitar esta barrera y provocar cambios en nuestra piel, que muchos hemos experimentado.