Si el Espíritu es el principio de nuestra vida, que lo sea también de nuestra conducta.
(Gal V, 25)
El Espíritu Santo, el espíritu de Jesús, ese Espíritu que vino Él a traer al mundo, es el principio de nuestra santidad.
La vida interior no es otra cosa que unión con el Espíritu Santo, obediencia a sus mociones.
Estudiemos estas operaciones que realiza en nosotros.
Notad, ante todo, que es el Espíritu Santo quien nos comunica a cada uno en particular los frutos de la Encarnación y de la Redención.
El Padre nos ha dado a su Hijo ; el Verbo se nos da y en la Cruz nos rescata : tales son los efectos generales de su amor.