Dios ha querido compartir su Vida, que es eterna, con nosotros.
Este es un gesto de su amor paternal y misericordioso.
Es don, es regalo, es gracia hacia nosotros.
Y cuando históricamente nos vio alejados de la alianza con Él, quiso compartir su Vida haciéndose uno con nosotros menos en el pecado (Cf.
Fil 2, 6 - 8).
Movido por la compasión de su misericordia, “amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera sino que tenga Vida eterna” (Jn 3, 16).
Por eso el Hijo trinitario “se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14a).
Y en su Hijo, Dios Padre quiso amarnos hasta el extremo (Cf.
Jn 15, 13 - 14), y hasta el extremo de su entrega en la cruz.
¿Quién puede entender cuál es la dimensión del amor de Dios por nosotros?