Todos y cada uno de nosotros somos Misioneros de Dios desde el hecho de ser discípulos de Cristo después del bautizo.
Jesus quiso que todos prediquemos su palabra desde cualquier lugar donde nos tocó estar, según nuestra vocación, trabajo y compromiso.
NO entendamos mal, un misionero no necesita alejarse de su ámbito de vida, desde su hogar puede ser misionero y evangelizar tan bien como lo hacen aquellos que viajan por todo el mundo.
Yo puedo ir a una iglesia o centro misionero y prestar servicio en dicho centro de acuerdo con lo que pueda ofrecer.
Puedo seguir aprendiendo respecto de la palabra de Dios y según estas capacidades acercarme a mis lugares cercanos y conversar de la palabra de Dios.
Un misionero es siempre una obra de amor, compasión, misericordia no de servicio social, por ello yo debo transmitir mi amor hacia los demás, desde ayudar en mi casa a mi familia con amor, ayudar a mis vecinos, hablando de las obras de nuestro gran Señor y como eso nos hace mejor nuestra vida.
Fomentaré el amor a la comunicación con Dios, mediante el rezo, en mi casa y con todos los que me visiten.