San Agustín (354 - 430) llevaba un tipo de vida algo distanciada del cristianismo y de las enseñanzas que le había impartido su mamá (Santa Mónica), se dedicó al estudio de las letras y la literatura, sentía gran atracción por el teatro.
A los 19 años se enamoró y mantuvo una relación con la madre de su hijo, estuvieron juntos por 14 años.
Siempre estuvo en una constante búsqueda de respuestas existenciales a través del estudio de la filosofía.
Nunca estuvo predispuesto a dar un cambio en sus convicciones, sólo estuvo buscando un camino con el que se encontrará identificado.
San Agustín siempre defendió sus puntos de vista, era una persona racional que planteaba los aspectos filosóficos con la religión cristiana, defendía la idea de la existencia de la evolución a través del tiempo.
San Agustín adopta el Cristianismo en Milán, ya que se hallaba decepcionado del maniqueísmo, estuvo participando como catecúmeno en las liturgias y en el año 385 decide convertirse completamente al cristianismo, en el año 387 fue bautizado.