La evolución como proceso afecta a todos los seres vivos, y el ser humano no escapa de ello.
Con el pasar del tiempo, su adaptación, que lo ha llevado a colocarse por encima del resto de las especies en cuestión de inteligencia, está completamente relacionado con su capacidad para adaptarse.
Sin embargo, el ser humano, dentro de su infinito poder, ahora busca control sobre el proceso.
En estas instancias ahora es él quien controla su destino y no el azar o la probabilidad, y la ciencia le permite adaptarse.
Más allá de las implicaciones éticas que esto traiga, el paso de progreso en dicho caso le permitirá eliminar enfermedades y defectos congénitos, y así, desarrollar una mejor humanidad.