La conclusión fue que las cargas positivas estaban centradas en un volumen mucho mas pequeño en el núcleo.
El experimento de Ernest Rutherford, consistía en disparar un haz de partículas alfa contra una lámia de oro, midiendo los patrones de dispersión, haciendo uso de una pantalla fluorescente, de forma que detectaron que las partículas rebotaban del metal en todas las direcciones, lo cual sería imposible si el modelo de Thompson fuese cierto, debido a que las partículas demostraban una energía electrostática mucho mayor, de forma tal que el volumen de la carga positiva era mucho menor al que Thompson esperaba.
Por lo que concluyeron que la carga positiva se encontraba en el núcleo en un menor volumen.