El concepto que explica mejor la activación o direccionalidad del aprendizaje es la motivación.
La motivación es todo aquello que impulsa a la acción, en este caso es el impulso para aprender y tiene la capacidad de mantener el interés en el aprendizaje.
Por ello los docentes emplean estrategias para motivar al estudiante, es decir centrar su atención y mantenerla durante todo el proceso.
La emoción se refiere a la afectividad, la emoción puede motivar algunas acciones pero ella en sí misma no activa el aprendizaje.
La percepción es parte del proceso de aprendizaje, percibir es interpretar el estímulo recibido y darle significado personal.
La conducta es todo lo que se hace, dice y piensa.
Las conductas forman parte del aprendizaje, y algunas de ellas pueden resultar motivadoras, pero no en sí mismas no activan ni direccionan el aprendizaje, más bien son consecuencias de él.