Aquíes ta la historia del himno nacional de 1062 palabras
El músico colombiano
Guillermo Quevedo publicó hace algunos años una rigurosa interpretación de cada
una de las estrofas del Himno.
La reproducimos por considerarla clave para
entender qué es lo que cantamos en los partidos de fútbol, cuando nos ponemos la
mano en el corazón, y en otros eventos nacionales.
El agricultor que
suda removiendo la tierra y siembra con dolor, goza cuando ve fructificar su
cosecha.
Así sucedió con la Patria : gracias el heroico padecer de los próceres
en luchas titánicas, hoy gozamos de bienes inapreciables a lo largo de la vida.
El poeta compara
los 300 años de vida colonial que Colombia vivió sometida a España con “una
horrible noche”, y la libertad que alcanzó mediante la Guerra Magna de la
Independencia, como la “aurora” que llena el alma de esperanza.
Ve gozoso que
han llegado para la patria las libertades que predicó el Divino Redentor.
Aquí se ve a todo
la América revolucionada contra España.
Los comuneros del Socorro dieron
ejemplo en 1781, siguiendo a Miranda en Venezuela, en 1806, los ecuatorianos en
Quito en 1809, y los granadinos en Bogotá en 1810.
De allí pasó a todas partes.
Por esa época ya muchos patriotas sufrían en las cárceles los castigos de sus
agitaciones contra España ; y todos ellos “bendecían su Pasión” o sus muchos
sufrimientos.
Dos hechos
extraordinariamente heroicos aparecen aquí : la vida increíble llevada por el
Ejército Libertador en los Llanos del Casanare, y el sacrificio de Atanasio
Girardot en el cerro del Bárbula.
El río Orinoco se llenó de cadáveres de
soldados que morían gozosos por la patria, y el Bárbula mostró de qué es capaz
el heroísmo americano.
Ha llegado el turno
de Cartagena la Heroica, América y el mundo entero admiraron el valor
constante, indomable, de la ciudad costeña.
Tan solo en el famoso sitio de 1815
perecieron seis mil habitantes, pero también cayeron 3.
200 de los soldados
sitiadores.
En Boyacá se dio la
batalla definitiva : la que dio libertad a Colombia y que infundió ánimo a toda
América Latina.
Los soldados enfermos, medio desnudos y ateridos de frío, que
venían en marchas forzadas desde los Llanos ardientes de Casanare, mostraron en
Boyacá un valor sobrehumano.
La nobleza y santidad de la causa que defendían
fueron los móviles que armaron su varonil aliento y fueron la “coraza”
impenetrable en esa homérica lucha.
Las puertas de
América están abiertas.
Nada detiene ya el valor del Ejército Patriota, que
atraviesa los Andes y recorre de victoria en victoria miles de kilómetros :
Carabobo, Puerto Caballero, Pichincha, Junín.
En esta batalla los jinetes se
parecen a “centauros indomables” y los soldados destruyen todo a golpes de
lanza.
Faltaba el golpe
final y se dio en Ayacucho.
Allí brilló Córdoba como un sol con su formidable
orden “¡Paso de Vencedores!
”. Todo el “cielo americano” está libre y forma un
gloriosos “pabellón” para que entre a reinar el progreso, la sabiduría y la
libertad.
Es un delicado
recuerdo a la mujer colombiana y a su heroísmo.
Madres, esposas y hermanas
siguieron con valor espartano a los soldados en sus luchas diarias.
La historia
ha recogido muchos nombres como los de Policarpa Salavarrieta y Antonia Santos
que murieron en los patíbulos, o como Simona Duque que llevó personalmente a
sus hijos al Libertador para que lucharan por la libertad.
Las Termópilas es
un célebre desfiladero en Grecia donde el rey Leonidas, liderando a 300
espartanos, intentó detener el formidable ejército de Jerges en el año 480
antes de Cristo, y donde aquel guerrero murió peleando con arrojo.
Con esa
batalla los grandes hechos humanos, pero también muestra donde puede hallar el
débil la verdadera protección.
El poeta quiere la
libertad pero en la verdad y la justicia.
Sin ellas, la libertad se convierte
en libertinaje y robo.
Todos los colombianos deber ser iguales ante la ley y
deben gozar de patrimonio común.
La Patria para todos.