El río Nilo fue fundamental en el nacimiento de
la civilización egipcia y marcó, al ritmo de sus estaciones, la vida de quienes
habitaban en sus orillas.
Aportó con generosidad el agua y los alimentos
necesarios para la subsistencia de los egipcios, y su curso constituyó la
principal vía de transporte de personas y mercancías por todo el país.
Con más
de 6.
600 kilómetros de longitud, el Nilo es el mayor río del continente
africano.
Las ciudades y las aldeas de los antiguos
egipcios se ubicaban siempre en la ribera este del Nilo ; y las necrópolis y los
templos funerarios, en la orilla oeste.
Hapi era la divinidad que personificaba
el río, representaba el poder benéfico y fecundante del río que hacía verdear
las orillas del valle y el Delta.
El pueblo egipcio lo veneraba, y el faraón le
hacía ofrendas para que la crecida del Nilo tuviera lugar durante el período
correcto y su caudal fuese el adecuado.
En efecto, si las aguas no subían lo suficiente,
se reducía la superficie de tierra donde se podía sembrar y las cosechas
decrecían, con la consecuente hambruna entre la población.
La mayor parte de la
sociedad en el Egipto faraónico estaba compuesta por campesinos que vivían del
trabajo del campo y cuyas vidas se encontraban condicionadas por los ritmos de
la inundación.
Las crecidas anuales del Nilo marcaron el ritmo
de vida de sus habitantes durante milenios.