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Resumen sobre la leyenda el museo embrujado?

Resumen sobre la leyenda el museo embrujado.

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Te ayudaria pido mas detalles sobre q se trata y te doy el resumen.

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Te ayudaria pido mas detalles sobre q se trata y te doy el resumen.

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Ashley1702
1

Había una vez un escritor que estaba redactando un libro sobre

leyendas ecuatorianas.

Imagínatelo en medio de libros y papeles,

consultando diccionarios llenos de polvo, escribiendo a mano - y a veces

con el pie - unas historias terroríficas llenas de fantasmas y

“aparecidos”, cuando de pronto - siempre hay un “de pronto” en estos

cuentosescuchó el timbre del teléfono.

¿Dónde estará ese bendito

teléfono?

, preguntó sacándose los gruesos lentes, pero.

Qué raro

suena, dijo frunciendo la nariz, ¿tendrá gripe el pobrecito?

No te rías

pero el teléfono sonaba lejano y gangoso porque el escritor estaba

sentado justo sobre él.

Cuando se dio cuenta de la vibración que le

subía por la espalda, se levantó, tomó el auricular y dijo : ¿alooo?

, al

otro lado de la línea oyó : (hola, a que no adivinas quién soy).

El escritor dijo de inmediato : Caperucita (Nooo), La Bruja Maruja

(Nooo), Barba Roja en pantuflas (ya, déjate de hacer bromas), dijo la

voz al otro lado (soy yo, María Dolores, tu amiga del Museo de la

Ciudad.

Mira, te tengo una sorpresa, una historia realmente muy

interesante.

Es de fantasmas.

). Al escritor se le erizó todo el

cuerpo y gritó : ¡no te muevas, no te muevas, ya voy para el Museo!

De

inmediato quiso correr pero pisó un viejo diccionario, resbaló sobre

trescientas hojas amarillentas y cayó como saco de papas sobre un montón

de polillas que salieron volando como si hubieran visto un escritor.

Ahora imagínate al escritor, despeinado y sin afeitarse, manejando a la

velocidad de la luz, rumbo al Museo de la Ciudad, que - por si acaso -

antes no era Museo sino el famoso Hospital San Juan de Dios, y antes que

eso, el Hospital de La Misericordia.

Tan pronto llegó a la

puerta, gritó : ¿dónde están los fantasmas?

Shhh, dijo María Dolores.

De

inmediato lo llevó por un largo corredor, viraron a la izquierda,

entraron a un cuarto cerrado y lo paró frente a una urna protegida por

un grueso vidrio.

Mira, le dijo.

El escritor miró hacia arriba, miró

hacia abajo y dijo : muy bonito todo, muy bien arreglado, excelentes

colores.

Pero ¡dónde están los fantasmas!

Shhh, volvió a decir María

Dolores.

Está ahí, ¿ves?

El escritor se acercó a la urna y vio

las huellas de unos pies de niño, o tal vez de niña, sobre la arena que

estaba dentro.

Antes de que el escritor gritara otra vez : “¡dónde están

los fantasmas!

”, María Dolores dijo : escucha bien, por favor ; ayer

pusimos arena en esta urna, la aplanamos bien, luego la sellamos con

este vidrio grueso.

¿Y? , preguntó el escritor con cara de desesperación.

Esto que te cuento sucedió a las cinco de la tarde, esto es, al

finalizar la jornada ; luego cerramos la puerta con llave y, qué crees,

esta mañana descubrimos estas pequeñas huellas sobre la arena, es decir,

¡dentro de la urna sellada!

Antes de que el escritor protestara

de nuevo, María Dolores le explicó que era sabido que en el Museo de la

Ciudad sucedían cosas muy raras : capas negras que se movían solas en el

aire, voces detrás de las paredes donde no había nadie, pasos que los

guardias escuchaban a medianoche, cuando el Museo estaba completamente

vacío.

Ya veo, dijo el escritor tragando saliva y de inmediato volvió a

mirar la urna con vivo interés : para su sorpresa le pareció que había

dos nuevas huellas de pies de niño, o de niña, sobre la arena.

Se le

erizaron los vellos de la nuca y se le aflojaron las rodillas.

Creo que

lo mejor será que nos vayamos de aquí, dijo el escritor con cierto

temblor en la voz, y se alejó casi trotando, sin esperar por la

sorprendida María Dolores.

Esa noche no pudo dormir bien.

El

pobre daba vueltas y vueltas en la cama, con un frío espantoso a pesar

de los tres pantalones y los cuatro sacos de lana que tenía encima.

Por

fin, justo cuando empezaba a creer que no iba a poder dormir, un sueño

profundo le fue ganando la partida al frío y se lo llevó a una calle

llena de niebla.

El escritor se vio entonces caminando por la

ciudad desierta, aunque a lo lejos, muy a lo lejos, escuchaba cascos de

caballos y agudos relinchos.

Pasó el Arco de la Reina y entró a lo que

parecía un hospital.

Había mucha actividad a pesar de que ya había caído

la noche.

Los corredores estaban alumbrados por pequeñas antorchas.

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