El Dios Sol, Inti, fue desde los principios el Dios más reverenciado, a quien se ofrecía el mayor número de tributos, mujeres y de sacrificios, que como ahora sabemos, iban a parar a la casta de los sacerdotes.
Incluso los emperadores le rendían tributo tras conquistar nuevas tierras.
En toda región conquistada se levantaba algún altar en su nombre ; frecuentemente la adoración a Inti y al Sepa - Inca eran confundidas.
La religión Inca respetaba las creencias y costumbres de cada comarca, pero también exigía que se le rindiese homenaje al Inti, Dios principal, y que se entregaran los debidos tributos.
La imposición del Inti iba de la mano con las conquistas territoriales.
El más famoso de sus templos era el Coricancha, en Cuzco, que brillaba sobretodo por todo el oro con que estaba adornado, aunque su construcción estructural no presentase demasiada refinación : el plano era idéntico al que presentaban las construcciones de las casas familiares.
En su jardín se realizaba la fiesta de la siembra, cuando el emperador sembraba simbólicamente espigas doradas de maíz, que pasaron a formar parte del inventario del rescate de Atahualpa, y que dio origen a algunas leyendas que afirmaban que todo en el jardín era de oro : árboles, hierbas, flores e insectos.