Tras la muerte de Tiglat - pileser, Asiria entró en un período de crisis aun más grave que el anterior (1076 - 934 a.
C. ).
En realidad, perdió el control directo de todas las regiones que los reyes del Imperio medio habían ido conquistando, manteniendo a duras penas, y más nominalmente que otra cosa, el dominio sobre la Alta Mesopotamia.
Los epígonos de Tiglat - pileser, de nuevo personajes de mediocre actuación, no pudieron contener el avance cada vez más decidido de los arameos, y acabaron replegándose en el territorio asirio originario.
En Babilonia, también sumida en una crisis , consiguieron penetrar y asentarse diversas tribus caldeas, parientes de las arameas, y pronto más poderosas que los mismos reyes babilonios.
Las fuentes, que enmudecen casi por completo en esta época, acentúan la sensación de oscuridad y decadencia.
La recuperación de Asiria no llegaría hasta fines del siglo I a.
C. , cuando una realeza renovada dio origen al Imperio neoasirio, destinado a alcanzar las más altas cotas de poder y de esplendor.
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