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Primer párrafo de a la deriva de Horacio Quiroga URGENTE PARA MAÑANA?

Primer párrafo de a la deriva de Horacio Quiroga URGENTE PARA MAÑANA!

En resumen

El hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento, vió una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque.

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Edward716
7

El hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el

pie.

Saltó adelante, y al volverse con un juramento, vió una

yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque.

El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre

engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura.

La

víbora vió la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su

espiral ; pero el machete cayó de plano, dislocándole las vértebras.

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Respuesta 2

Kerengomez46
2

Respuesta : Explicación : El hombre pisó algo blanduzco, y enseguida sintió la mordedura en el pie.

Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.

El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó sangre el machete de la cintura.

La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral ; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.

El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contemplo.

Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violeta, y comenzaba a invadir todo el pie.

Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo, y siguió por la picada hacia su rancho.

El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla.

Movía la pierna con dificultad ; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.

Llegó por fin al rancho, y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche.

Los dos puntitos violetas desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero.

La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa.

El hombre quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca.

La sed lo devoraba.