Necesito una historia de terror casi corta?
Necesito una historia de terror casi corta.
Necesito una historia de terror casi corta.
En la Esquina de mi HabitaciónDesde
que recuerdo siempre ha tenido esa sonrisa siniestra en su rostro, esa
sonrisa que más bien parece una cortada de oreja a oreja y que nunca
deja de sangrar ; no tiene cabello, no tiene nariz y no tiene ojos, es
como si fuera solo piel blanca y dura.
Mide alrededor de dos metros, es
tan pálido que casi parece blanco y sus largos brazos terminan en una
puntiagudas y negras uñas podridas.
Lo vi por primera vez cuando yo tenía 6 años, desperté agitado
y al verlo comencé a gritar, mis padres fueron a ver que tenia pero al
contarles ellos me dijeron que no había nada, por lo que comprendí que
solo yo lo veía, y desde entonces, noche tras noche lo veo, siempre con
el miedo de que algún día me haga daño.
Hace
poco, encontré en el periódico una psíquica local, y a pesar de mis
bajas expectativas, fui a verla, pero cuando apenas iba a contarle, esa
cosa apareció ahí, y asustado me di cuenta de que ella también lo veía,
le rogué que me ayudara y me dijo que tenía que hablar con la gente
sobre él, que les describiera lo más detallado posible como era y que
así, alguien al imaginarlo como es, una noche volteara a la esquina de
su habitación y ahí estará él, parado, inmóvil, con esa aterradora
sonrisa…Así que espero que tú, que estás leyendo esto, puedas imaginarlo
y llevártelo contigo….
El payaso de la muerte
Cuando la familia Smith se mudó a su nuevo vecindario, pensaban que todo iría de las mil maravillas.
El barrio era muy agradable, las escuelas de los niños quedaban bastante cerca y la casa que habían comprado era preciosa.
Tenía un amplio jardín para jugar y hacer barbacoas, un garaje doble y una cocina bastante grande, entre otras comodidades que habían adquirido a precio de risa.
Eso en sí, les extrañó bastante, considerando el tamaño de vivienda y su excelente ubicación.
¿Por qué se las habrían vendido tan barata?
De cualquier manera no protestaron en lo absoluto, encantados como estaban con su buena suerte.
El único detalle que les incomodaba, era aquel cuadro de payaso que se vislumbraba al fondo del corredor en la planta alta.
Una pintura sumamente realista que mostraba a un hombre con una sonrisa inquietante, la cara blanca y los ojos muy abiertos, vestido con ropas estrafalarias y una enorme nariz roja.
Tenía una mano extendida junto al rostro, con cinco dedos largos y enguantados.
Habían tratado de quitarlo de la pared solo para descubrir, con gran decepción, que era imposible.
Alguien parecía haberlo atornillado minuciosamente al muro.
Tendrían que remodelarlo por completo para lograrlo, pero eso sería después.
Los días pasaron apacibles para ellos hasta que una noche, la hija menor, la más pequeña de los tres niños que tenían, falleció en un accidente frente a la casa.
Aquello fue un golpe muy duro para sus padres.
El payaso bajó un dedo, pero nadie se dio cuenta.
Semanas más tarde el hijo que le seguía en edad a la hija pequeña, murió también al caer por una de las ventanas de casa.
Sus padres no podían creer tantas desgracias.
El payaso bajó su segundo dedo, pero de nuevo pasó desapercibido.
Meses más tarde, el hijo mayor se suicidó colgándose en el ático.
Para cuando estaban preparando sus funerales, sus padres, sumidos en una gran depresión, se percataron de que el payaso tenía tres dedos abajo y llegaron a la conclusión de que el cuadro estaba embrujado.
Y con él, toda la casa.
Con razón les había costado tan poco.
Se prepararon para venderla y marcharse, pero antes de que pudieran completar la transacción, la esposa cayó muy enferma y falleció sin remedio.
Cuando el padre volvió a mirar el cuadro del payaso, solamente con su pulgar arriba, supo que el siguiente sería él.
Presa del pánico no quiso esperar más, tomó su revólver y se disparó en la cabeza, liberándose de esa casa.
Meses después la vivienda volvió a venderse y la familia Brown la ocupó con gran alegría.
Lo que más les llamó la atención, fue ese curioso cuadro con un payaso horrible, que no pudieron quitar.
Tenía todos los dedos de la mano extendidos.
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