Elbalanceque cabe hacer delciclo de revoluciones del año 1848 es
desigual ; por un lado, parece obvio que enFranciala revolución evolucionó,
desde el republicanismo democrático, inicial hacia el autoritarismo imperial
encarnado en la figura de Napoleón III.
Los episodios defebreroyjuniode ese año en Francia
representan el último episodio de la lucha contra los residuos del antiguo
régimen y de su sustituto liberal - doctrinario (febrero) y la fractura
(insurrección de junio)de la alianza entre los antiguos grupos sociales que
componían el tercer estado hasta 1789.
Elmiedo a una revolución social, de vagos ecos jacobinos y
nuevosaires socialistas (y
anticapitalistas), llevó a toda la burguesía a replegarse frente al
proletariado industrial y a las clases populares, en general.
Las luchas
políticas y los conflictos sociales que determinarán la segunda mitad del s.
XIX (y hasta 1914) ya no vendrán dadas por la oposición
liberalismo / absolutismo, sino por los nuevos antagonismos sociales que la
industrialización agudizará.
Las luchas del movimiento obrero ya no serán solo
en demanda de una mayordemocratización
política, sino que también pretenderán un cambio en el modelo económico,
abiertamente injusto desde el punto de vista social.
No obstante lo anterior,
el aparente fracaso de los movimientos revolucionarios de 1848 sentará las
bases de laprogresivademocratización
europea ; la única excepción, como veremos más adelante, la constituirá el
imperio ruso.
Losmovimientos nacionalistasque
en 1848, en elárea alemana o
italiana, lucharon por la causa de la indepedencia o la unificación
nacional por vías democráticas o revolucionarias, fracasaron, dejando abierto
el camino militar hacia la unificación política, con lamentables consecuencias
para Europa y el mundo.
Prusia,
en el área alemana, yPiamonte,
en el área italiana, saldrán fortalecidas de este proceso y, en consecuencia,
en condiciones, de liderar la futura unificación.
En elimperio austro - húngaro("esa
cárcel de pueblos"), se abrirá paso el constitucionalismo y el
parlamentarismo, así como una mayor autonomía para las distintas nacionalidades
(húngaros, checos, etc.
) del imperio.