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Los caballos de los conquistadores , alguien sabe?

Los caballos de los conquistadores , alguien sabe.

Pregunta de Historia · 1 respuesta · 10 votos · mejor respuesta de Auracaicedo

En resumen

Los caballos de los conquistadores ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! Sus pescuezos eran finos y sus ancas relucientes y sus cascos musicales. ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! ¡ No!

Respuestas de la comunidad

Mejor respuesta

Auracaicedo
6

Los caballos de los conquistadores

¡Los caballos eran fuertes!

¡Los caballos eran ágiles!

Sus pescuezos eran finos y sus ancas

relucientes y sus cascos musicales.

¡Los caballos eran fuertes!

¡Los caballos eran ágiles!

¡

No!

No han sido los guerreros solamente,

de corazas y penachos y tizonas y estandartes,

los que hicieron la conquista

de las selvas y los Andes :

Los caballos andaluces, cuyos nervios

tienen chispas de la raza voladora de los árabes,

estamparon sus gloriosas herraduras

en los secos pedregales,

en los húmedos pantanos,

en los ríos resonantes,

en las nieves silenciosas,

en las pampas, en las sierras,

en los bosques y en los valles.

¡Los caballos eran fuertes!

¡Los caballos eran ágiles!

Un caballo fue el primero,

en los tórridos manglares,

cuando el grupo de Balboa caminaba

despertando las dormidas soledades,

que de pronto dio el aviso

del Pacífico Océano, porque ráfagas de aire

al olfato le trajeron

las salinas humedades ;

y el caballo de Quesada, que en la cumbre

se detuvo viendo, en lo hondo de los valles,

el fuetazo de un torrente

como el gesto de una cólera salvaje,

saludo con un relincho

la sabana interminable.

Y bajó con fácil trote,

los peldaños de los Andes,

cual por unas milenarias escaleras

que crujían bajo el golpe de los cascos musicales.

¡Los caballos eran fuertes!

¡Los caballos eran ágiles!

Y aquel otro, de ancho tórax,

que la testa pone en alto

cual queriendo ser más grande,

en que Hernán Cortés un día

caballero sobre estribos rutilantes,

desde México hasta Honduras

mide leguas y semanas entre rocas y boscajes,

es más digno de los lauros

que los potros que galopan

en los cánticos triunfales

con que Píndaro celebra

las olímpicas disputas

entre el vuelo de los carros y la puga

de los airesY es más digno todavía

de las odas inmortales

el caballo con que Soto, diéstramente,

y tejiendo las cabriolas como él sabe,

causa asombro, pone espanto, roba fuerzas,

y entre el coro de los indios,

sin que nadie haga un gesto de reproche,

llega al trono de Atahualpa y salpica con espumas

las insignias imperiales.

¡Los caballos eran fuertes!

¡Los caballos eran ágiles!

El caballo del beduino

que se traga soledades.

El caballo milagroso de San Jorge,

que tritura con sus cascos los dragones infernales.

El de César en las Galias.

El de Aníbal en los Alpes.

El Centauro de las clásicas leyendas,

mitad potro, mitad hombre,

que galopa sin cansarse,

y que sueña sin dormirse,

y que flecha los luceros,

y que corre como el aire,

todos tienen menos alma,

menos fuerza, menos sangre,

que los épicos caballos andaluces

en las tierras de la Atlántida salvaje,

soportando las fatigas,

las espuelas y las hambres,

bajo el peso de las férreas armaduras,

cual desfile de heroismos,

coronados entre el fleco de los anchos estandartes

con la gloria de Babieca y el dolor de Rocinante.

En mitad de los fragores del combate,

los caballos con sus pechos arrollaban

a los indios, y seguían adelante.

Y, así, a veces, a los gritos de "¡Santiago!

",

entre el humo y e fulgor de los metales,

se veía que pasaba, como un sueño,

el caballo del apóstol a galope por los aires

¡Los caballos eran fuertes!

¡Los caballos eran ágiles!

Se diría una epopeya

de caballos singulares

que a manera de hipogrifos desolados

o cual río que se cuelga de los Andes,

llegan todos sudorosos, empolvados, jadeantes,

de unas tierras nunca vistas,

a otras tierras conquistables.

Y de súbito, espantados por un cuerno

que se hincha con soplido de huracanes,

dan nerviosos un soplido tan profundo,

que parece que quisiera perpetuarse.

Y en las pampas y confines

ven las tristes lejanías

y remontan las edades

y se sienten atraídos

por los nuevos horizontes :

Se aglomeran, piafan, soplan, y se pierden al escape.

Detrás de ellos, una nube,

que es la nube de la gloria,

se levanta por los aires.

¡Los caballos eran fuertes!

¡Los caballos eran ágiles!

Preguntas frecuentes

Los caballos de los conquistadores , alguien sabe?

Los caballos de los conquistadores ¡Los caballos eran fuertes! ¡Los caballos eran ágiles! Sus pescuezos eran finos y sus ancas relucientes y sus cascos musicales. ¡Los caballos eran fuertes!