En 1648 estalló en Francia una violenta revuelta que mantendría al reino en un constante estado de agitación política y social durante un lustro.
Luis XIVtendría entonces poco más de diez años, y aunque el gobierno estaba en manos de su madre Ana de Austria y de su primer ministro el cardenal Mazarino, el joven rey experimentó los efectos del conflicto de un modo muy directo.
En varias ocasiones se vio obligado a huir de París con su madre por miedo a ser secuestrado por bandos rivales.
La Fronda, que así se llamaba la revuelta, dejó en el joven Luis XIV un recuerdo traumático de miedo y humillación.
Eso explicaría que al asumir el poder tras la muerte de Mazarino, decidiera construir un palacio alternativo a sus residencias parisinas.
El palacio de Versalles, a unos 20 km de la capital, se encontraba lo bastante alejado como para que la plebe no interfiriese en el desarrollo de su programa político, y lo bastante cerca como para que no pareciese que el poder regio se había alejado demasiado.
Mientras que en las ciudades y provincias el rey tenía que pactar con la aristocracia, en Versalles podía gobernar de modo absoluto sin sujeción a las leyes.
En el palacio, los aristócratas eran simples sirvientes del soberano y no tenían más poder que el que éste quisiera concederles.
Era la forma de dominar a la nobleza : atraerles a un espacio donde ésta se viese obligada a reconocerlo como dueño absoluto.
Para atraer a los nobles se convirtió Versalles en una fiesta perpetua, sonde los cortesanos disfrutaban de la magnificencia y el regalo regios.
Entre 1651 y 1670, el joven monarca, consumado bailarín protagonizó numerosos ballets de corte, en los que aparecía rodeado de una lujosa escenografía.
La imagen de Luis XIV como Rey Sol comenzó a elaborarse a partir de estos ballets, en los que surgía como Apolo, dios del sol y de la poesía en el centro del universo.