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En resumen

Juan María Montalvo Fiallos nació en Ambato, Ecuador el 13 de abril de 1832 y murió París, Francia el 17 de enero de 1889 fue un ensayista y novelista ecuatoriano. Murió a causa de una pleuresía en París. Su cuerpo fue embalsamado y se expone en un mausoleo en Ambato.

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Peluchin123
7

Juan María Montalvo Fiallos nació en Ambato, Ecuador el 13 de abril de 1832 y murió París, Francia el 17 de enero de 1889 fue un ensayista y novelista ecuatoriano.

Murió a causa de una pleuresía en París.

Su cuerpo fue embalsamado y se expone en un mausoleo en Ambato.

Su padre, don Marcos Montalvo, era hijo de un inmigrante andaluz,

y se dedicaba a los negocios ambulantes.

En Quinchicoto, cerca de Ambato,

conoció a doña Josefa Fiallos Villacrés, con quien se casó el 20 de enero de 1811.

1 La pareja tras un tiempo se domicilió en Ambato, ciudad en la que don Marcos llegó a destacarse.

Fallecidos ya algunos hermanos en la edad de la infancia, Juan se

convirtió en el menor de los varones, y sus padres le procuraron mimos y

cuidados.

Tuvo siete hermanos : Francisco, Francisco Javier, Mariano, Alegría,

Rosa, Juana e Isabel.

Su niñez transcurrió no sólo en su casa, sino

también en la cercana quinta de Ficoa.

En 1836

sufrió de viruelas y quedó con el rostro marcado.

A los siete años fue a

la escuela, una humilde casa de aldea, de una sola planta, pobremente

administrada y sostenida.

En 1843, cuando tenía once años, su hermano fue arrestado, encarcelado y desterrado por enfrentarse políticamente a la dictadura de Juan José Flores.

Según el escritor Galo René Pérez, el destierro de su hermano le "dejó una lesión moral de la que no se recuperó jamás", llevándolo a odiar a las dictaduras.

El 17 de febrero de 1857, durante el gobierno de Francisco Robles,

Montalvo fue nombrado adjunto civil a la legación ecuatoriana en Roma,

mientras que Francisco Javier Salazar fue nombrado secretario de la

misma.

En 1845, su hermano regresó de su destierro en Perú, y lo llevó consigo a Quito, Ecuador

a continuar sus estudios.

Sus dos hermanos mayores, Francisco y

Francisco Javier, le orientaban e influenciaban en su gusto por las

letras, aparte de haberle creado, cada uno con su prestigio, un ambiente

favorable en el mundo de sus estudios.

Entre 1846 y 1848 empezó a estudiar gramática latina en el colegio San Fernando.

Posteriormente estudió filosofía en el seminario San Luis, donde recibió el grado de maestro, y después ingresó a la Universidad de Quito para estudiar Derecho,

no porque quisiera ser abogado, sino porque entre las profesiones de

entonces (medicina, leyes y teología) ésta le era la menos desagradable.

En Quito se hizo amigo del poeta y político liberal Julio Zaldumbide,

con quien se reunía de continuo.

En su casa a veces asistían

practicantes de letras, destinados a convertirse en conocidos

escritores : Agustín Yerovi, José Modesto Espinosa y Miguel Riofrío.

Juntos comentaban a los grandes autores románticos europeos.

En 1853 el presidente Urbina

decretó la libertad de estudios en colegios y universidades.

Por las

nuevas regulaciones, Montalvo se vio privado de su cargo de secretario

en el colegio San Fernando y además fue impulsado a abandonar su carrera

de Derecho tras haber aprobado solamente el segundo curso.

Así, decidió

volver a Ambato.

En el ambiente melancólico de su casa (sus padres y su hermano mayor para entonces habían fallecido) se concentró en el enriquecimiento de su formación de autodidacta, acostumbrado a tomar notas de sus lecturas en cuadernos que se conservan.

Estudiaba gramática española y tratados de carácter idiomático.

Profesando un respeto consciente a Capmany y Clemencín,

estaba convencido de que era necesario fundar las originalidades

estilísticas en la posesión de una forma correcta autorizada por los

clásicos y los estudiosos más notables de la lengua.

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Respuesta 2

Sofy06
1

Cartago no puede sufrir a Roma ni Roma a Cartago ; los moros acaban

con los españoles, los españoles con los moros ; los turcos detestan a

los francos, los francos abominan a los turcos, y una guerra eterna está

librada entre las razas y religiones diferentes.

¿Qué digo?

Los pueblos

más civilizados, aquéllos cuya inteligencia se ha encumbrado hasta el

mismo cielo y cuyas prácticas caminan a un paso con la moral, no

renuncian a la guerra : sus pechos están ardiendo siempre, su corazón

celoso salta con ímpetus de exterminación.

Europa no es estéril, como se

diría exageradamente, por motivo de la sangre y los huesos humanos que

la fecundizan y devuelven su vigor perdido : todo es campo de batalla,

todo pirámides de cráneos, todo inscripciones a las víctimas de los

reyes y de las revoluciones.

Morat y Waterloo, Rocroy y Marengo, las

Navas de Tolosa y la Rochela se encuentran por donde el viajero lleve

sus pasos.

¿cuántos millares de hombres no han muerto en la Crimea?

¿Cuántos millares de hombres no han muerto en Solferino?

¿Y cuántos

tienen que morir, oh Dios, en los campos que el demonio tiene previstos

para sus festines?

Y aquí, en este Nuevo Continente, en este virgen

mundo están pasando los acontecimientos más terribles que nunca vio la

tierra.