Habían pasado diez años del inicio de la Revolución Francesa, pero Francia seguía sin conseguir una estabilidad política, económica y social deseada.
De un lado, el orden era perturbado por las presiones populares, que exigían medidas capaces de acabar con la pobreza y la miseria en que vivía gran parte de la población del campo y de las ciudades.
Por otro lado, la burguesía, clase social que había liderado la Revolución Francesa, veían sus negocios sucumbir en función de las constantes crisis económicas y políticas.
Para completar el escenario, varios países europeos conspiraban y combatían para poner fin al régimen revolucionario en Francia.
En medio de ese caos, sobresale victorioso en el campo de batalla un joven general llamado Napoleón Bonaparte.