A UN HOMBRE DE GRAN NARIZÉrase un hombre a una nariz pegado,Érase una nariz superlativa,Érase una alquitara medio viva,Érase un peje espada mal barbado ;Era un reloj de sol mal encarado?
A UN HOMBRE DE GRAN NARIZ Érase un hombre a una nariz pegado, Érase una nariz superlativa, Érase una alquitara medio viva, Érase un peje espada mal barbado ; Era un reloj de sol mal encarado. Érase un elefante boca arriba, Érase una nariz sayón y escriba, Un Ovidio Nasón mal narigado. Érase el espolón de una galera, Érase una pirámide de Egito, Los doce tribus de narices era ; Érase un naricísimo infinito, Frisón archinariz, caratulera, Sabañón garrafal morado y frito. 1 BLASÓN Rubén Darío Para la condesa de Peralta El olímpico cisne de nieve con el ágata rosa del pico lustra el ala eucarística y breve que abre al sol como un casto abanico. En la forma de un brazo de lira y del asa de un ánfora griega en su cándido cuello que inspira como prora ideal que navega. Es el cisne, de estirpe sagrada, cuyo beso, por campos de seda, ascendió hasta la cima rosada de las dulces colinas de Leda. Blanco rey de la fuente Castalia, su victoria ilumina el Danubio ; Vinci fue su barón en Italia ; Lohengrín es su príncipe rubio. Su blancura es hermana del lino, del botón de los blancos rosales y del albo toisón diamantino de los tiernos corderos pascuales. Rimador de ideal florilegio, es de armiño su lírico manto, y es el mágico pájaro regio que al morir rima el alma en su canto. El alado aristócrata muestra lises albos en campo de azur, y ha sentido en sus plumas la diestra de la amable y gentil Pompadour. Boga y boga en el lago sonoro donde el sueño a los tristes espera, donde aguarda una góndola de oro a la novia de Luis de Baviera. Dad, Condesa, a los cisnes cariño, dioses son de un país halagüeño y hechos son de perfume, de armiño, de luz alba, de seda y de sueño. TUÉRCELE EL CUELLO AL CISNE Los Senderos Ocultos Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje que da su nota blanca al azul de la fuente ; él pasea su gracia no más, pero no siente el alma de las cosas ni la voz del paisaje. Huye de toda forma y de todo lenguaje que no vayan acordes con el ritmo latente de la vida profunda. Y adora intensamente la vida, y que la vida comprenda tu homenaje. Mira al sapiente búho cómo tiende las alas desde el Olimpo, deja el regazo de Palas y posa en aquel árbol el vuelo taciturno. Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta pupila, que se clava en la sombra, interpreta el misterioso libro del silencio nocturno. A que movimiento poético pertenecen estos dos poemas.