En óptica, las lentes dependen de su forma original para poder definir el aumento y la resolución con la que se observan los objetos.
En el caso de las gafas, los lentes están diseñados con un grosor, tamaño y forma específica para mejorar la visión lejana, la visión cercana, o la definición de los objetos, en los casos de miopía, hipermetropía o astigmatismo, respectivamente.
El hecho de que un fluido se ponga en contacto con la lente lo deformará en forma transitoria, afectando las propiedades ópticas de este, con lo que las imágenes vistas a través de él se presentarán distorsionadas.
El lado de una lente plana en contacto con un fluido se volverá convexo (o así asumirá el aspecto a causa del líquido) o con curvatura externa, debido la tensión superficial del fluido, mientras el otro lado permanecerá plano.
En realidad el lente no sufrirá cambios, sino el fluido en contacto con el lente.