Los prejuicios o las conductas racistas siguen empañando las relaciones entre las personas, los grupos humanos y las naciones.
La opinión pública se conmueve siempre más.
Y la conciencia moral no puede de ninguna manera aceptar tales prejuicios o conductas.
La Iglesia es particularmente sensible a las actitudes discriminatorias : el mensaje que ella recibe de la Revelación bíblica afirma vigorosamente la dignidad de cada persona creada a imagen de Dios, la unidad del género humano en el designio del Creador y la dinámica de la reconciliación realizada por el Cristo Redentor, quien ha derribado el muro de odio que separaba los mundos contrapuestos[1]para recapitular en sí la humanidad entera.
En virtud de esto, el Santo Padre ha confiado la Pontificia Comisión «Iustitia et Pax» la misión de ayudar a esclarecer y estimular las conciencias acerca de esta cuestión capital : el recíproco respeto entre los grupos étnicos y raciales y su convivencia fraterna.
Esto supone a su vez un lúcido análisis de ciertos hechos complejos del pasado y del presente y una apreciación imparcial de las deficiencias morales o las iniciativas positivas, a la luz de los principios éticos fundamentales del mensaje cristiano.