Sí y eso lo afirma en El científico y el político, donde Max Weber se esfuerza en desplegar la ética propia del hombre de Estado de una manera que sea conforme a su finalidad.
Bien, la acción se tropieza con un dilema casi trágico donde se opone "la moral de la responsabilidad" y la "moral de convicción", pues el Estado tiene "el monopolio de la violencia física legitima".
Ella funda las relaciones de dominación entre la autoridad y los ciudadanos.
El hombre político obedece a la moral de la responsabilidad.
Eso excluye que él se someta a las reglas de una ética formal (como imperativo categórico kantiano) o a las leyes del Sermón de la Montaña.
La política no puede ser concebida independientemente de los conflictos y relaciones de fuerza que obedecen a las leyes de la acción y su eficacia.
Es que el partidario de la ética de convicción no puede comprender que él quiera someter a la realidad en lo que ella tiene de irracional y violenta, a los principios incondicionales de su moral, o el llamado del todo o nada como es los mandamientos del Evangelio.
Este partidario sostiene posiciones místicas o pacifistas, por horror al mal.
En cambio, el hombre político está condenado a enfrentarse a la violencia y es su responsabilidad profunda.
Weber defiende el derecho de los "héroes", esos hombres que tienen la vocación de la política y se sienten responsables de la lucha contra la violencia en el mundo, incluso si han de usar la violencia.