El cuento de la insignia pero breve porfis ?
El cuento de la insignia pero breve porfis ! Plis.
El cuento de la insignia pero breve porfis ! Plis.
En resumen
La saque del libro de mi abuelo espero q te sirva Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño basural un objeto brillante.
La saque del libro de mi abuelo espero q te sirva
Hasta ahora
recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño
basural un objeto brillante.
Con una curiosidad muy explicable en mi
temperamento de coleccionista, me agaché y después de recogerlo lo froté contra
la manga de mi saco.
Así pude observar que se trataba de una menuda insignia de
plata, atravesada por unos signos que en ese momento me parecieron
incomprensibles.
Me la eché al bolsillo y, sin darle mayor importancia al
asunto, regresé a mi casa.
No puedo precisar cuánto tiempo estuvo guardada en
aquel traje que usaba poco.
Sólo recuerdo que en una oportunidad lo mandé a
lavar y, con gran sorpresa mía, cuando el dependiente me lo devolvió limpio, me
entregó una cajita, diciéndome : "Esto debe ser suyo, pues lo he encontrado en su
bolsillo".
Era,
naturalmente, la insignia y este rescate inesperado me conmovió a tal extremo
que decidí usarla.
Aquí empieza
realmente el encadenamiento de sucesos extraños que me acontecieron.
Lo primero
fue un incidente que tuve en una librería de viejo.
Me hallaba repasando añejas
encuadernaciones cuando el patrón, que desde hacía rato me observaba desde el
ángulo más oscuro de su librería, se me acercó y, con un tono de complicidad,
entre guiños y muecas convencionales, me dijo : "Aquí tenemos libros de Feifer".
Yo lo quedé mirando intrigado porque no había preguntado por dicho autor, el
cual, por lo demás, aunque mis conocimientos de literatura no son muy amplios,
me era enteramente desconocido.
Y acto seguido añadió : "Feifer estuvo en
Pilsen".
Como yo no saliera de mi estupor, el librero terminó con un tono de
revelación, de confidencia definitiva : "Debe usted saber que lo mataron.
Sí, lo
mataron de un bastonazo en la estación de Praga".
Y dicho esto se retiró hacia
el ángulo de donde había surgido y permaneció en el más profundo silencio.
Yo
seguí revisando algunos volúmenes maquinalmente pero mi pensamiento se hallaba
preocupado en las palabras enigmáticas del librero.
Después de comprar un libro
de mecánica salí, desconcertado, del negocio.
Durante algún
tiempo estuve razonando sobre el significado de dicho incidente, pero como no
pude solucionarlo acabé por olvidarme de él.
Mas, pronto, un nuevo
acontecimiento me alarmó sobremanera.
Caminaba por una plaza de los suburbios
cuando un hombre menudo, de faz hepática y angulosa, me abordó intempestivamente
y antes de que yo pudiera reaccionar, me dejó una tarjeta entre las manos,
desapareciendo sin pronunciar palabra.
La tarjeta, en cartulina blanca, sólo
tenía una dirección y una cita que rezaba :
MARTES 4.
Como es de suponer, el martes 4 me dirigí a la
numeración indicada.
Ya por los alrededores me encontré con varios sujetos
extraños que merodeaban y que, por una coincidencia que me sorprendió, tenían
una insignia igual a la mía.
Me introduje en el círculo y noté que todos me
estrechaban la mano con gran familiaridad.
En seguida ingresamos a la casa
señalada y en una habitación grande tomamos asiento.
Un señor de aspecto grave
emergió tras un cortinaje y, desde un estrado, después de saludarnos, empezó a
hablar interminablemente.
No sé precisamente sobre qué versó la conferencia ni
si aquello era efectivamente una conferencia.
Los recuerdos de niñez anduvieron
hilvanados con las más agudas especulaciones filosóficas, y a unas digresiones
sobre el cultivo de la remolacha fue aplicado el mismo método expositivo que a
la organización del Estado.
Recuerdo que finalizó pintando unas rayas rojas en
una pizarra, con una tiza que extrajo de su bolsillo.
Cuando hubo
terminado, todos se levantaron y comenzaron a retirarse, comentando
entusiasmados el buen éxito de la charla.
Yo, por condescendencia, sumé mis
elogios a los suyos, mas, en el momento en que me disponía a cruzar el umbral,
el disertante me pasó la voz con una interjección, y al volverme me hizo una
seña para que me acercara.
Perdon pero no se puede copiar de internet nose.
Es un localizador que te ayuda para q no te pierdas. Espero que te sirva.
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