Elvira Pérez .
- sabe lo que es la lucha.
También es indígena, tiene 35 años y es activista de los derechos de la mujer indígena a consecuencia de la discriminación que vivió en el pasado.
Vive en el pequeño pueblo de San Antonio Palopó, en la cuenca del Lago Atitlán.
En esta comunidad, a las mujeres indígenas se las identifica por su traje típico de azules oscuros y sus rasgos aborígenes.
“Durante mi etapa en un colegio de Quetzaltenango, uno de mis compañeros ladino me insultó llamándome ‘india’.
Me dijo que no tenía derecho a jugar y a bailar con el resto de la clase”, relata Elvira.
Elvira Carolina Pérez tiene 35 años y es activista en defensa de los derechos de la mujer indígena.
Durante su etapa en un colegio de Quetzaltenango, uno de sus compañero la discriminó y humilló públicamente por su identidad indígena tachándola de “india”.
/ G. G.
Años más tarde, Elvira empezó a trabajar en un hotel cuyo dueño era un ladino conocido de San Antonio.
“Cuando comenzaron los problemas en la administración del hotel, fui acusada, junto a otras compañeras indígenas, de ser las culpables de la mala gestión administrativa del hotel.
Todo aquello era porque éramos indígenas”.
Elvira se defendió, había recopilado durante seis años toda la documentación relativa a las finanzas y pudo probar su inocencia y la de sus compañeras acusadas.
Más adelante, todas comenzaron a recibir amenazas de hombres del pueblo por ayudar a otras mujeres a denunciar casos de violencia o discriminación.
El traje típico, seña de identidad del pueblo maya, y el analfabetismo son los dos grandes factores que convierten a las mujeres indígenas en víctimas del racismo y la marginalización.
La barrera del idioma y la falta de acceso a un sistema de justicia que las proteja las hacen vulnerables a la exclusión social.
Todo ello sumado a que los índices de escolaridad son sumamente inferiores entre la población indígena guatemalteca y de nuevo las mujeres están a la cabeza.