El conocimiento no científico, a pesar de carecer de esta cualidad y de tener poca o nula validez en ese sentido, representa un elemento cultural de lo que significa para el ser humano un determinado asunto, es una interpretación y se asocia comúnmente con las ideas, idiosincrasia y el pensamiento propio de una cultura, por lo que ese es su principal aporte.
Por ejemplo, el árte colonial que representó el encuentro del viejo y nuevo mundo, cómo las distintas religiones abordan el significado de la vida y la muerte, cómo las civilizaciones mesoamericanas creían en los dioses, y cómo se asociaba con los fenómenos naturales, entre otros.