La discriminación entre seres humanos, cualquiera sea la diferencia entre ellos, cultural, étnica, socioeconómica, política, entre otras, es una práctica arcaica, retardataria y profundamente equivocada.
Quien la ejerce, persona o colectivo que la asume como cierta y válida, expresa, denota, una ignorancia profunda y pobreza humana confesa.
En cualquier lugar del mundo, contexto o situación, todos los seres humanos somos sujetos de derecho por igual : merecemos vivir dignamente y en igualdad en todos los aspectos de la existencia.
Para que sea así, es importantísimo, fundamental reconocer que las diferencias entre nosotros enriquecen, siempre suman, y debemos sentirnos orgullosos de ellas.