En resumen

Solía salir a las calles a altas horas de la noche, rodeado de su escolta, y más de una vez acometió a golpes o a latigazos al primero que encontraba en su camino.

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Solía salir

a las calles a altas horas de la noche, rodeado de su escolta, y más de una vez

acometió a golpes o a latigazos al primero que encontraba en su camino.

Melgarejo recibió

la noticia de un plan revolucionario, pero era muy desconfiado y cuando le

dijeron que triunfarían y que confiara en la lealtad de su ejército, el

Presidente contestó, ni en mi camisa.

Y la colgó en la pared y dio la orden de

fusilar la camisa, y así fue quemada a balazos.

Cuando los

opositores a su gobierno le exigían respeto Melgarejo les contestaba ¿Quieren

esos demagogos que les conceda todavía algún derecho?

Pues les concedo el derecho

al pataleo.

Y decía mandare en Bolivia hasta que yo quiera y al primero

que me la quiera jugar le hago patalear en medio de la plaza.

Promulgó

una de sus grandes borracheras habituales la norma de acabar con el territorio

de las zonas fronterizas, proclamando la necesidad de un mundo sin límites,

retenes y aduanas.

Una vez un

guardia notó que Melgarejo no sabia leer y que bebía parejo con Holofernes su

caballo predilecto, tomó un periódico pero al revés, al informarle el guardia

de su error, Melgarejo le responde.

El que sabe leer, lee nomás.

En el Rio

grande de Cochabamba la mujer de un soldado fue arrastrada por la corriente y

Melgarejo monto su caballo y dijo Donde está Melgarejo nadie se ahoga, se lanzo

en el río y cogió a la mujer por los

cabellos y salió con ella hasta la orilla ante el jubilo de sus tropas.

Durante un banquete que dio en el palacio pidió a sus invitados, que bastante han bebido ya ustedes a mi salud, ahora les pido una copa a la salud de mi Holofernes, mi caballo.

Melgarejo era muy ignorante, recibió la noticia de que había confrontación con Francia y Prusia, Salio y dijo a sus soldados que había que proteger a los franceses que eran sus mejores amigos y a quienes amaba tanto, debemos atravesar el océano a nado, pero cuidado con mojar las municiones.

En un día lluvioso y de muchos truenos Melgarejo le pidió a sus soldados : Despejad esas nubes con el humo de la pólvora de vuestras armas y que ellas purifiquen la atmósfera.

Fuego con las nubes.