Para los que nacimos en la segunda mitad del siglo pasado, nuestra infancia estuvo marcada por la abierta enemistad entre dos grandes bloques.
Por un lado, la facción comunista, liderada por la Unión Soviética ; por el otro, las democracias occidentales, bajo la tutela de los Estados Unidos.
Este conflicto político - militar, conocido como la Guerra Fría, se mantuvo desde el final de la Segunda Guerra mundial y hasta la caída de la URSS en 1991.
Durante la guerra el Imperio Comunista había podido integrarse en el bando de los aliados sólo cuando Hitler decidió invadir Rusia.
A pesar de la falta de confianza en Stalin, lo más importante en esos momentos era derrotar a los nazis, y ya sabemos, el enemigo de mi enemigo es mi amigo.