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Juicios criticos de la democracia?

Juicios criticos de la democracia.

En resumen

«La primera cualidad de un político es la integridad. La integridad requiere independencia de juicio.

Mejor respuesta

Richardmarcano
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«La primera cualidad de un político es la integridad.

La integridad requiere

independencia de juicio.

La independencia de juicio rechaza los

decretos partidistas, pues los decretos partidistas suprimen en la conciencia

del hombre todo sentido de la justicia y el sabor mismo de la

verdad.

Cuando tales verdades básicas se ignoran, el Parlamento se convierte

en un circo indecente, que provoca consternación y desprecio en la

gente de cualquier tendencia política.

Cuando los votantes desconfían

y desprecian a sus representantes, la democracia en sí se encuentra en

peligro»

1

.

Esta cita de Simon Leys se encuentra en la introducción y en la contraportada de la

nueva edición castellana del ensayo de Simone Weil sobre la supresión de los partidos

políticos.

En unas pocas líneas, Leys sintetiza su lectura de la obra : la democracia

se sustenta en la integridad de los representantes políticos.

Cuando la capacidad

de juicio individual se pierde en favor de la línea impartida por la dirección del partido,

la legitimidad misma de la democracia está en peligro.

Leys destaca dos puntos

fundamentales en el razonamiento weiliano : la relación entre democracia y pensamiento

crítico, por un lado, y la necesidad de volver a incorporar en el discurso

político palabras como “justicia” y “verdad”, por otro.

Sin embargo, añade un elemento,

aparentemente marginal y, en cambio, muy significativo, que nos restituye

el sentido del interés despertado en los últimos años por el pequeño texto de Weil :

la desconfianza y el desprecio de los votantes hacia sus representantes.

La crisis

que está sacudiendo las democracias occidentales contemporáneas, en efecto, se ha

manifestado en muchos países como una ola de indignación por parte de los ciudadanos,

cuya conciencia crítica y política ha sido sacudida por una sensación generalizada

de desengaño frente a la corrupción y la ineptitud de las instituciones pú -

blicas.

El desmantelamiento del Estado del bienestar llevado a cabo a raíz de la

crisis económica ha puesto de manifiesto la incapacidad de los mecanismos de

representación a la hora de expresar los intereses de las clases medias y bajas.

El

rey se ha quedado desnudo y el rostro amable de la democracia ha venido asumiendo

la cara amenazante de una oligarquía de administradores del poder econó -.