Según algunos científicos, hemos sido demasiado
tolerantes con las creencias religiosas.
Deberíamos haber elevado el
tono de nuestras protestas ante los desmanes derivados de la fe mal
entendida.
Sin salirse del bando agnóstico caben otras posturas, si
se quiere, menos militantes y no menos eficaces.
Paradójicamente, ésa
era la concepción del propio Darwin, expuesta en una de sus cartas que
descubrí en Londres hace apenas unos días.
Es asombrosa esa mezcla de
defensa radical de la libertad de pensamiento y tolerancia.
Dice Charles
Darwin en su carta :
«Aunque soy un fuerte defensor de la
libertad de pensamiento en todos los ámbitos, soy de la opinión, sin
embargo —equivocadamente o no—, que los argumentos esgrimidos
directamente contra el cristianismo y la existencia de Dios apenas
tienen impacto en la gente ; es mejor promover la libertad de pensamiento
mediante la iluminación paulatina de la mentalidad popular que se
desprende de los adelantos científicos.
Es por ello que siempre me he
fijado como objetivo evitar escribir sobre la religión limitándome a la
ciencia».