"¡Que maravilla!
" exclamó el cartero.
Había finalizado su última entrega justo a tiempo para la cena.
Se devolvía a su casa por la costa, usando las zapatillas que compró con su primer sueldo, cuando en las rocas divisó un cangrejo color carmín.
Sacó su lapicero y una hoja de su bolsa.
Nadie más que él sabía sobre su talento oculto : era un gran artista.
Se sentó en la arena a trazar líneas sobre el papel, dibujando la figura del cangrejo.
"Desearía haber traído un cojín, o una pequeña alfombra" dijo tras pararse, al terminar su dibujo, y notar como ensució su pantalón, manos y sus zapatillas nuevas con la blanquecina arena.
Aún tenía que llegar a cenar, y su mamá lo regañaría por la apariencia que traía.