Se despierta.
Poco a poco.
Va abriendo los ojos, y mira a su alrededor.
Sonríe, me sonríe.
Subo la persiana, y como un repelente del sol se tapa la cara con las sábanas y veo como nuestra almohada es lanzada a mi cara.
Se ríe, y me dice que vuelva a la cama.
Me besa.
Tiernamente, notándose el amor en cada beso.
En cada simple beso que para mí son un mundo.
Ya no me deja salir de la cama ; me abraza, se tira encima mío.
Cualquier cosa para no dejarme ir.
Como le gusta jugar.
Se vuelve a reír, me sonríe y me dice, ¡hoy te toca a ti hacerme el desayuno!
En verdad le toca hoy a ella, pero me da igual.
Yo quiero hacérselo hoy, y todos los días de mi vida.
JAMÁS me hartaré de esta rutina ; de verla al lado mío cada mañana.