Unos trajessin botonesllegaron del sastreprestos - dijeron - para la boda.
La boda esperabaen el hondónde un bosquepoblado de pinosy en su centrogeométricoracimos de luz.
Una claridadintermitente yrisueña.
Una manchaesteladade felicidad que hacía pensaren la sana bellezade los pulmones.
Aplausosdel cuerpo limpioy cuajado de porvenir.
Un futuroescenificadoque hacía pensaren los pulmonesque en la infanciaiban a embellecerseen un parquepúblico y circulardonde nos congregábamos, media docenademañacosvigilados por nursesvestidas con ropas negrasy un delantalde almidón.
Tiempos tiernoso de la convalecenciaque el doctordictabatras la persistentetos ferina.
Ningún niñohabía cumplido aúnlos diez añosy los juegosse caracterizabanpor la debilidado la desganasubyacenteque sembróel bacilo entreaquél universopequeño - burgués.
Pero nada inquietaba yaal grupo de postenfermoscircundado ahorapor el aromade las coníferas.
Un circo de cipresesque, visto hoy, con cincuenta añosde distancia, se reproducecomo un anillosemejante al de la bodaen el pinar.
Los vestidos blancos y negros.
De las nupcias, la luces que se filtrabanentre las ramas, los noviosy la comitivalentificadosante el ceremonial.
No tosían yasino quea estas alturascada cualse había provistode una defensasexualentonces transparenteante lasucesiva adversidad.
Una pinturaacrílicasecabavirandohacia el rosamucho antesdel amanecer.
Una plásticasobre el lienzoque recordaba, falsamente, claro está, el tiempo que regresadesde la bodaa la tos ferina, y avanzadesde la tos ferinaal pastelde aquella nocheen que cantamossin dejar de pensaren los lucientes trajes de bodasin el complementode los botones, en la chaquetay en el pantalón.