Érase una vez, en un paraje de los Andes, que una joven princesa indígena salía todos los días a caminar.
Cada día los lugareños, al pasar de la princesa con rumbo a alguna laguna o mirador, le saludaban, pero un día, la princesa no salió del palacio.
Los primeros tres días la gente no percibió con turbación que la princesa no saliera, pero al cuarto y quinto día de no verla pasear por la aldea, comenzaron los rumores y la angustia se generalizó ; los jefes de la Tribu trataban de calmar a la gente con cuentos y ficciones muy notorias.
Nunca se supo, qué pasó con la hermosa princesa, pero muchas veces se vio llegar en las noches de luna llena, a un Condor al mirador preferido de la princesa.