Todas las noches veo a un extraño animal detrás de la puerta de mi armario.
Este cada vez que lo miro, me ve con una sonrisa aterradora, y me llama con su mano de tres dedos.
Mi miedo es tanto, que me cubro con las sábanas.
Pero hoy quiero saber a dónde es que me lleva el monstruo.
Me dirijo hacia él, camino poco a poco, mi manta en mis brazos.
Pero detrás de la puerta no hay nada.
De hecho, el armario se hizo más grande, como del tamaño de la puerta de una catedral.
El monstruo apenas cabía en él.
Mi miedo incrementó, cuando este con sus largos dedos cerró la puerta.
Se encendió una luz, era una culebra quien lo había hecho.
Volteé a ver el monstruo y detallé su morfología : era alto, de unos tres metros quizá, yo apenas de uno ; tenía la cara de un cocodrilo, la cola de una serpiente y las extremidades de un velociraptor.
Su cara mostraba una sonrisa, literalmente, de ojo a ojo.
Era como si sus ojos estuviesen unidos a su boca.
A continuación abre la boca, sus ojos con ella, veo salir un líquido verde de aspecto baboso, todo este líquido me cubre con él ; luego a comer.
Despierto.
En mi cuarto.
El monstruo sigue allí, llamándome.
Cubro mi cara con las sábanas, sigo durmiendo.