En la constitución francesa de 1791 sólo podían ejercer su derecho al
voto los que eran considerados ciudadanos “activos”, que eran quienes debían
pagar una contribución equivalente a tres jornadas de trabajo.
Estos ciudadanos
elegían a su vez a los electores, quienes eran los que votaban y escogían a los
diputados.
Para ser elector, debías pagar una contribución equivalente a diez
jornadas de trabajo.
Por otro lado, había otra parte de la población, que eran
los ciudadanos “pasivos”, los cuales eran considerados como tan y no poseían
derechos políticos (entre ellos, el derecho al sufragio) puesto que no
realizaban ningún tipo de contribución monetaria al Rey por poseer un status
económico bastante bajo.
Esto sin duda es un tipo de discriminación social que genera una
diferencia marcada entre las clases sociales de la época.
Para tener prestigio,
nombre y ser considerado como un hombre político, con la capacidad legal para
participar en la toma de decisiones de la monarquía, debías contribuir
monetariamente con una cantidad que no todos podían pagar.
Es así que a pesar
de que a estos “ciudadanos pasivos” se les nombraba también como “ciudadanos”,
no podían ejercer su ciudadanía completamente si sus derechos políticos se les
eran inhabilitados por no ganar dinero suficiente a las consideraciones del
Rey.