En
Königstrasse, un pequeño pueblo de Alemania, vive el profesor Otto
Lidenbrock, un gran científico especializado en la mineralogía y en
todas las ciencias en general.
Él y su sobrino Axel comparten aventuras y
enseñanzas entre muchas cosas y mantienen una relación muy buena.
Un día, el profesor, llegó muy alborotado de una librería.
La razón de
tal nerviosismo era la pieza de museo que encontró en ella.
Era una obra
de valor incalculable, de la cual se deslizó un pergamino muy antiguo
escrito con letras extrañas y desconocidas para Lidenbrock.
Tío y sobrino unieron sus mentes para descubrir su significado.
Al cabo
de unos días sintieron una gran alegría ; ese trozo de papel describía
los pasos que se debían seguir para llegar al centro de la Tierra.
Desde entonces planearon la marcha.
Lo prepararon todo, pagaron a un
guía llamado Hans que les acompañaría durante todo el viaje y comenzaron
su gran aventura.
Pasaron varios días hasta que no llegaron al cráter del volcán Sneffels,
el que tendría que conducirles al mayor estado de satisfacción.
El viaje parecía transcurrir sin ningún problema, hasta que observaron
que las reservas de agua de las que disponían eran insuficientes, pero
finalmente descubrieron un arroyo.
Axel estaba harto del viaje, se sentía débil e inseguro, quería volver a
su casa.
Entre pensamientos y sueños, sin darse cuenta se había
separado del grupo.
No los encontraba, se había perdido bajo toneladas
de rocas y tierra.
Cuando su desesperación fue insuperable su tío y Hans
le encontraron.
Se sintieron muy felices, pero, a pesar de lo ocurrido,
el profesor decidió seguir el viaje.
Después de estar días y días sumergidos en la más profunda rutina y
monotonía del paisaje, llegaron a una gran bóveda formada por grandes
nubes y vapores movedizos.
Ésta se elevaba encima de un lago.
Observaron
la maravilla que les rodeaba.
Descubrieron animales antiguos, algunos
de medidas sobrenaturales y extraña apariencia.
Al ver que no avanzaban andando por la costa, construyeron una almadía y
decidieron atravesar el tenebroso lago, donde se vieron envueltos en
una gran tormenta.
Sin darse cuenta y debido a los relámpagos y la
lluvia habían vuelto al punto de partida.
El profesor se desanimó mucho,
pero siguió investigando.
En una arboleda alta, frondosa y espesa encontraron huesos de animales
antediluvianos, gigantes extraños y algunos cráneos humanos, lo que,
evidentemente, representaría un descubrimiento único y de una
importancia incalculable.
Durante la caminata vieron una galería cerrada.
La hicieron explotar con
dinamita desde la almadía para intentar atravesarla.
Después de
producirse la explosión empezaron a subir y subir empujados por una agua
ardiente, origen de una erupción volcánica que provocaron.
Cuando despertaron se encontraban en el volcán Estrómboli.
Habían recorrido medio mundo debajo de la Tierra.
Al llegar a su pueblo y contar la experiencia, su nombre resonó por todo
el mundo.
No sabían exactamente hasta donde habían llegado, pero se
sintieron muy orgullosos.
A pesar de todo Otto Lidenbrock no estaba satisfecho porqué todavía
desconocía qué les había hecho volver al punto de partida en la travesía
del lago.
Y no disfrutó totalmente de su éxito hasta que Axel le contó
que la brújula se trocó durante la tempestad.
El profesor fue considerado un sabio y se le concedieron diversos
puestos de honor, aunque su verdadera felicidad reposaba en el viaje al
centro de la Tierra.