La sexualidad floral
está relacionada con la presencia de los verticilos
reproductivos : androceo y gineceo.
Las flores que presentan ambos
verticilos (o sea, que producirán tanto gametos femeninos como
masculinos) se dicen perfectas, bisexuales, monoclinas o, más frecuentemente, hermafroditas, como es el caso de las flores de la "papa" o "patata" .
En muchas otras especies, por otro lado, las flores tienen un solo verticilo reproductivo y se dicen diclinas, imperfectas o unisexuales, como ocurre en la "morera" y en la "calabaza".
En el caso que tal verticilo sea el androceo, las flores se denominan masculinas o estaminadas ; mientras que si el verticilo presente es el gineceo, las flores se denominan pistiladas o femeninas.
Existen algunos casos en que la flor no presenta ninguno de los
verticilos reproductivos y solo muestra sépalos y pétalos.
La función de
estas flores es el de especializarse, dentro de un grupo de flores que
sí son perfectas, en la atracción hacia la inflorescencia de los insectos polinizadores.
Tales flores, denominadas neutras o asexuales,
se disponen usualmente en la periferia de la inflorescencia y se pueden
observar, por ejemplo, en muchas especies de la familia de las compuestas, como la "margarita" o el "girasol"
Entre los botánicos prevalece actualmente la opinión de que las
flores hermafroditas son menos evolucionadas que las flores unisexuales,
al menos por las razones que se exponen a continuación.
En primer
lugar, en casi todos los grupos de angiospermas con flores unisexuales,
se encuentran entre las flores femeninas y masculinas rudimentos de
estambres o carpelos.
En segundo lugar, los grupos de angiospermas más primitivos en cuanto a
otros caracteres tienen principalmente flores hermafroditas (por
ejemplo, las magnoliáceas)
ya que sólo este tipo de flores hacen posible, en caso de polinización
zoógama, la captación y cesión simultánea del polen.
Finalmente, el paso
de la condición hermafrodita a la unisexual ha sido determinada en
numerosas ocasiones por vía selectiva a consecuencia de una
transformación secundaria de flores entomógamas en anemógamas, como por
ejemplo, en las aceráceas y en algunas oleáceas.