El fracking es la técnica utilizada para perforar el suelo a través de un pozo y así poder extraer gas.
Consiste en introducir agua y productos tóxicos a más de 2500 metros bajo tierra.
La presión rompe la roca e hiela el gas.
“El líquido contiene una mezcla de 596 productos químicos.
Se puede hidrofracturar un pozo hasta 18 veces.
Se perfora el pozo verticalmente, atravesando acuíferos, hasta llegar a la capa de roca donde está el gas.
Ahí se perfora casi de forma horizontal, profundizando más de tres kilómetros la superficie terrestre y ahí inyectamos agua a presión con una cantidad de aditivos (biocidas con concentración baja que puede cargarse todos los peces sin problemas, productos cancerígenos …) para agrandar las grietas y atraer el gas hacia el pozo”, explica Aitor Urresti, Profesor de la Universidad del País Vasco, portavoz de EQUO en esta tierra y miembro de la plataforma antifracking de Bizkaia.
Algunos de los riesgos que trae esta técnica son : contaminación de las aguas subterráneas y atmosférica, emisión de gases de efecto invernadero (metano), terremotos (sismicidad inducida), contaminación acústica e impactos paisajísticos.
Además hay que contemplar los derivados del tráfico de camiones para transportar el gas extraído, el consumo de agua y la ocupación del territorio.