Los impulsos nerviosos, aferentes y eferentes, son aquellos que permiten la transmisión de información desde receptores hacia el sistema nervioso central y de éste hacia los órganos efectores.
En el caso del impulso nervioso que se transmite por el nervio óptico, este se produce por un estímulo luminoso y es captado por los fotorreceptores.
Este impulso óptico será conducido hasta el sistema nervioso central donde será procesado por la corteza óptica, ubicada en el lóbulo occipital.
Una quemadura estimulará los receptores de dolor presentes en la piel, y es conducido hasta el sistema nervioso central, específicamente a la médula espinal - donde se activa inicialmente la respuesta refleja o retirada del miembro afectado - y es conducido por las fibras nerviosas de la médula al cerebro y tálamo, donde la información es integrada, elaborando una respuesta conciente (huida).