BiologíaBásico2 respuestas

Cuento que tenga inicio desarrollo y final un poco largo?

Cuento que tenga inicio desarrollo y final un poco largo.

Mejor respuesta

Xime63
6

Cuento que tenga inicio desarrollo y final ⭐TÍTULO : Amor por el fútbol

Desde que tenia poca edad (apenas cuando comenzó a caminar) Santiago mostró amor por el fútbol, se divertía tanto pateando la pelota e improvisando una gran cantidad de movimientos y tácticas que en su mente podía ser un jugador profesional de fútbol.

En las largas tardes luego del colegio solo pensaba en jugar y divertirse con sus amigos, la felicidad se podía definir como la sensación que le generaba solamente improvisar un juego de fútbol con ellos.

Los problemas comenzaron cuando su familia lo presiono para no enfocarse tanto en el fútbol si no que se convirtiera en una profesional con una carrera.

Santi nunca dejo de lado sus estudios, pero siempre buscaba un espacio para continuar practicando, ya que era el deporte que le generaba tanta felicidad.

Santiago tan bueno, que al terminar sus estudios y ya iba a empezar la universidad le ofrecieron una beca, por lo que pudo continuar sus estudios sin abandonar lo que amaba.

Nunca desistió de sus metas y siempre brillo por luz propia, el camino no fue fácil pero logro ser futbolista profesional.

Inicio : La infancia de Santi y jugando con sus amigos.

Desarrollo (nudo o conflicto) : Inicio de la carrera universitaria

Desenlace : Logro ser jugador profesional.

Otras 1 respuestas

Respuesta 2

Mikladiosa17
4

Hace

mucho, muchísimo tiempo, en la próspera ciudad de Hamelín,

sucedió algo muy extraño : una mañana, cuando sus gordos y satisfechos

habitantes salieron de sus casas, encontraron las calles invadidas por

miles de ratones que merodeaban por todas partes, devorando,

insaciables, el grano de sus repletos graneros y la comida de sus bien

provistas despensas.

Nadie acertaba a comprender la causa de tal invasión, y lo que era aún peor, nadie

sabía

qué hacer para acabar con tan

inquietante plaga.

Por más que pretendían exterminarlos o, al menos, ahuyentarlos, tal

parecía que cada vez acudían más y más ratones a la ciudad.

Tal era la

cantidad de ratones que, día tras día, se enseñoreaba de las calles y de

las casas, que hasta los mismos gatos huían asustados.

Ante

la gravedad de la situación, los prohombres de la ciudad, que veían peligrar sus

riquezas por la voracidad de los ratones, convocaron al Consejo y dijeron :

"Daremos cien monedas de oro a quien nos libre de los ratones".

Al poco se

presentó ante ellos un flautista taciturno, alto y desgarbado, a quien nadie

había visto antes, y les dijo : "La recompensa

será

mía.

Esta noche no quedará ni

un sólo ratón en Hamelín".

Dicho esto, comenzó a pasear por las calles y, mientras paseaba, tocaba

con su flauta una maravillosa melodía que encantaba a los ratones,

quienes saliendo de sus escondrijos seguían embelesados los pasos del

flautista que tocaba incansable su flauta.

Y

así, caminando y tocando, los llevó a un lugar muy lejano, tanto que

desde allí

ni siquiera se veían las murallas de la ciudad.

Por aquel lugar pasaba

un

caudaloso río donde, al intentar cruzarlo para seguir al flautista,

todos los

ratones perecieron ahogados.

Los hamelineses, al verse al fin libres de

las voraces tropas de ratones, respiraron aliviados.

Ya tranquilos y

satisfechos, volvieron a sus prósperos negocios, y tan contentos estaban

que organizaron una gran fiesta para celebrar el feliz desenlace,

comiendo excelentes viandas y bailando hasta muy entrada la noche.

A

la mañana siguiente, el flautista se presentó ante el Consejo y reclamó a los

prohombres de la ciudad las cien monedas de oro prometidas como recompensa.

Pero

éstos, liberados ya de su problema y cegados por su avaricia, le contestaron :

"¡Vete de nuestra ciudad!

, ¿o acaso crees que te pagaremos tanto oro por tan

poca cosa como tocar la flauta?

". Y dicho esto, los orondos prohombres del

Consejo de Hamelín le volvieron la espalda profiriendo grandes carcajadas.

Furioso

por la avaricia y la ingratitud de los hamelineses, el flautista,

al igual que hiciera el día anterior, tocó una dulcísima melodía una y

otra vez, insistentemente.

Pero esta vez no eran los ratones quienes le seguían, sino los niños de

la ciudad quienes, arrebatados por aquel sonido maravilloso, iban tras

los pasos del extraño músico.

Cogidos de la mano y sonrientes, formaban una gran hilera, sorda a los

ruegos y gritos de sus padres que en vano, entre sollozos de

desesperación, intentaban impedir que siguieran al flautista.

Nada lograron y el flautista se los llevó lejos, muy lejos, tan lejos

que nadie supo adónde, y los niños, al igual que

los ratones, nunca jamás volvieron.

En la ciudad sólo quedaron sus opulentos habitantes y sus bien repletos

graneros y bien provistas despensas, protegidas por sus sólidas murallas

y un inmenso manto de silencio y tristeza.

Y

esto fue lo que sucedió hace muchos, muchos años, en esta desierta y vacía

ciudad de Hamelín, donde, por más que busquéis, nunca encontraréis ni un ratón ni un niño.

FIN.