Este famoso cuadro de Gerhard Richter es un retrato de su hija Betty, un retrato bastante particular ya que no podemos ver el rostro de la retratada.
La postura de la chica nos produce cierta incomodidad, como si hubiese girado la cabeza justo en el momento en que llegábamos nosotros.
Esto excita nuestra curiosidad, hace que sintamos la necesidad de ver su cara, cosa que no sucede cuando la figura está completamente vuelta de espalda.
¿Y qué está mirando Betty?
Uno de los cuadros abstractos que pintó su padre en los setenta, perteneciente a la serie “Pinturas grises” La superficie lisa y monocroma del cuadro, funciona aquí como fondo neutro para el retrato y es también la excusa para que la modelo se de la vuelta.